Iñaki Gabilondo: La mirada veterana

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PR_20 Gabilondo | Manuel Lillo i Usechi

‘El fin de una época’ es la clara y transparente muestra de un profesional con tantos años de oficio periodístico a las espaldas. Iñaki Gabilondo siempre fue un ejemplo de todo en la profesión periodística. Para sus detractores, Iñaki Gabilondo simplemente ha sido un ejemplo de periodismo parcial, un ejemplo de partidismo a la hora de ver y contar las cosas. Para sus seguidores, un ejemplo de comunicación, de claridad, de respeto y de constancia. Un hombre que ha marcado un ejemplo más que una tendencia. Un profesional que no ha destacado precisamente por su diferenciación. Más bien, tal y como el indica en su libro, hablamos de un periodista jubilado que puede delimitar la frontera entre el periodismo clásico y el nuevo periodismo. Él pertenece al primero de los géneros y se lamenta de muchos de los cambios que sufre esta profesión.

De hecho, este libro hace múltiples referencias a quienes han sufrido ese cambio: esos periodistas clásicos que en primera persona han observado cómo ha cambiado esa manera de cambiar las cosas. Esos periodistas no son sólo los profesionales. Muchos estudiantes de periodismo entraron en la facultad deseando practicar un periodismo que ahora ya no se practica y que, con casi toda probabilidad, no desempeñarán en un futuro puesto que las cosas han cambiado.

Este no es un ensayo más sobre los nuevos posibles modelos de negocio del periodismo. En estos días abundan las visiones profesionales y empresariales de los medios de comunicación sobre nuevos modelos rentables en los que puedan fusionar distintos géneros, clásicos e innovadores, con distintos soportes, también antiguos y nuevos, con el fin de hacer de ésta una profesión rentable y duradera al paso del tiempo y a las consecuentes transformaciones. Iñaki Gabilondo da una visión de cómo ha cambiado el periodismo desde que el comenzó en este mundo hasta que se jubiló, hace escasos años. Y hablar de periodismo no tiene por qué significar hablar de soportes, de modelos económicos, de la crisis el papel y de la publicidad rentable. Hablar de periodismo significa hablar de la profesión en sí: de encontrar la manera adecuada de contar las cosas a la gente, sobre el oficio de contar las cosas, tal y como subtitula en su obra.

Gabilondo hace hincapié en su libro sobre la importancia que para el periodismo deben tener las personas. Cuando habla de personas no habla de datos de la audiencia ni de su participación. Hace referencia al hecho de que las personas son la base del periodismo. “El periodista debe ser ese técnico que pasa un informe a las personas sobre qué ha pasado en el mundo mientras las personas trabajan o buscan trabajo”, yal y como narra él mismo. Se lamenta, en ese aspecto, de que “en poco tiempo, el periodista ha pasado de creerse un liberado de la sociedad para vigilar al poder a creerse un liberado del poder para vigilar a la sociedad”. Una de las citas claves del ensayo en el que se observa como Gabilondo ha vivido en primera persona esa transformación de la profesión. Insiste mucho en la importancia que el periodismo tiene para representar a la gente, que es, al fin y al cabo, su primera y gran finalidad.

Una de las cosas que más han cambiado en esta transformación que ha sufrido el periodismo es el contenido de las noticias televisivas. Gabilondo critica de forma frustrada y resignada este hecho. Los mensajes oficiales, la sobreabundancia de información y de noticias y el hecho de querer dar al público lo que se piensa que el público quiere. El autor de este ensayo no concibe como pueden tener cabida en un telediario escenas socialmente intrascendentes y ni tan solo calificables de anecdóticas a cambio de eliminar reuniones de consejeros y peces gordos internacionales dedicados a la economía o a las cuestiones políticas.

Entre las reflexiones más interesantes que encontramos de Gabilondo en su obra, encontramos la de la libertad de expresión. Se critica fundamentalmente al uso que se hace de ella desde el periodismo. La libertad de expresión lo arrolla todo y todo se justifica en base a la libertad de expresión. Eso es algo que el autor critica desde el punto de vista periodístico y moral y algo a lo que los medios de comunicación se han agarrado como a un clavo ardiendo para llevar a cabo todos actos de cierta incertidumbre ética y moral. Es por eso que Gabilondo afirma que “el periodismo debería desarrollarse bajo parámetros intocables”. Es una manera de hacer entender que la moralidad y la ética dentro de esta profesión deberían ser incuestionables y no ser justificadas por esa virtud llamada libertad de expresión que muchos la utilizan de forma fraudulenta y tramposa.

Es también muy importante la importancia que le da al contexto. Se habla de que el periodista debe dar las noticias bajo el conocimiento previo del contexto de la misma noticia. Iñaki Gabilondo afirma en este aspecto temerse “que el 90 por ciento de los periodistas no conoce lo que está contando; se limitan a contar algo porque saben cómo funciona la operación matemática que les lleva al resultado final. Sin embargo, cuando se les pide que comenten y valoren los intríngulis de la noticia, se demuestra que no tienen ni idea”.

Interesante reflexión también la del periodismo de trincheras, en la que compara al periodismo con una misa en el que el periodista actúa de cura y proclama un discurso al creyente, en este caso el lector, que se autoconvence leyendo lo que quiere leer. Este fenómeno ocurre tanto en la prensa política como en la deportiva.

Y en resumen, hablamos de un ensayo en el que más allá de modelos de negocio hablamos de modelo periodístico, que es de lo que al fin y al cabo se trata y para lo que en definitiva nos dedicamos: al oficio de contar las cosas.

Citas destacables:

–          “Existe un segmento de personas que acude al periodismo con objeto de confirmar sus propios puntos de vista. Es casi como una misa que por la mañana acoge a gente para concelebrar con los suyos el encuentro natural en el que comulga las verdades que ya sabe, pero que viene a reafirmar a través de los sacerdotes en los que ha depositado su confianza. De ahí sale, en consecuencia, más o menos fortalecido, como un cristiano tras la misa. Y éste es un fenómeno harto habitual en un país como España, donde las posiciones están muy polarizadas y se vive de manera muy agresiva la vida política y la vida pública. De ahí que la población requiera de esa droga para poder respirar en las hostiles realidades del enfrentamiento”.

–          “El arte de contar está bastante desacreditado y devaluado”.

–          “Debemos, como periodistas, construirnos un parapeto propio hasta que la profesión en bloque constituya uno. Ésa es la única defensa posible para el periodismo. Mientras haya un solo empresario que crea que todo se puede jugar en nombre de la libertad de expresión, acabará conduciendo el oficio en la dirección que más le interese”.

–          “Una de las peores tragedias enquistadas en la sociedad actual tiene que ver con la percepción de que todo lo que no constituya delito se puede hacer”.

–          “No puede ser que hayamos entregado a la lógica empresarial hasta nuestros valores más básicos”.

–          “No sé si el periodismo es el cuarto poder, el segundo o el tercero. Pero no es ni mucho menos el primero: nosotros no tenemos que gobernar, no tenemos que impartir justicia. Y lamentablemente algunos periodistas se dedican a eso: legislan, ejecutan, juzgan, condenan, disparan, entierran, y todo en un mismo acto periodístico”.

–          “El periodismo tiene el problema de haber creído que su misión es vigilar y por lo tanto no ser vigilado”.

–          El periodismo que se practica hoy adolece de otro problema bastante grave: la información ya no tiene que ser buscada porque casi siempre viene dada por los gabinetes de prensa. La profesión se ha alejado de la realidad de las personas de una manera extraordinaria (…) Los medios de comunicación están desactivando la acción de la búsqueda informativa”.

–          “La traición que se da con más frecuencia es la de modificar el propio punto de vista por temor a defraudar”.

–          “Los grandes canales no van a dedicar un territorio amplio a la información, salvo a la que sea fácilmente digerible y a aquella que se ocupe de los sucesos y las noticias más light. Esta tendencia implica que el mecanismo de selección de la información dejará de centrarse en las noticias más importantes para contemplar cuatro datos fundamentales y pasar, eso sí, a hechos irrelevantes y de consumo inmediato. Ahora la información tiene que ser siempre sinónimo de espectáculo”.

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